viernes, 14 de septiembre de 2012

LAS LUCES DEL ESTADIO



“Uno tiene en los ojos el humo del billar,
otro las ilusiones se lo llevó al remate,
el tercero es el único que se dice normal;
justo él que ha vivido
cuidando un empate”

Jaime Roos, “Las luces del estadio”


A Lapegüe y a Borghi, sólo les faltó decir “La tienen adentro”.
No lo hicieron porque, antes, lo había hecho Maradona.
Y no era cuestión de ser tan bárbaros, caramba.
Ya Adrián Suar no lo llama “Diez”, como lo hacía en las épocas de aquel programa televisivo, que rompía el raiting, los martes a la noche.
Hasta es probable que ya ni le atienda el teléfono.
Pero de no habérselo dicho “el Diego” al “Toti” Passman, en aquella conferencia de prensa, en Montevideo, es probable que Lapegüe y Borghi lo hubieran dicho, con todas las letras.
Aunque sea para la indignación de los panelistas de “6-7-8”, de los conductores de “Televisión Registrada”, o las repeticiones “on-line” de Clarín y La Nación de las burlas de Lanata.
La cosa es que “el gorilaje”, “la oligarquía con olor a bosta”, “los pequebú”, “la derecha reaccionaria”, “los tilingos” y “los conchetos” están tan agrandados como la selección peruana, 48 horas antes.
Sí; como los peruanos.
Paradojas del fútbol, de la política, o de la sociología delictiva según Sergio Berni.
Les salían todas, y la tribuna hervía.
Mientras, “los dueños de la pelota” la veían pasar o por tevé.
Pero, el resultado, el empate, es un “premio consuelo”. Es un punto para cada uno.
Nadie se lleva todo, digan lo que digan los diarios, al día siguiente.
Un punto.
Nada más, para el que hizo todo para ganar y no pudo.
Nada menos, para el que aguantó el empate, porque el cuero no le daba para más.
Salvando las analogías y las distancias con otros “cacerolazos” de otros septiembres (los de Chile, previos al Golpe de Estado de Pinochet contra Salvador Allende, en 1973), éstos de Buenos Aires, Córdoba y demás centros urbanos provocan, -hacia un lado y hacia el otro-, la misma sensación que el empate entre las selecciones de Perú y Argentina, el martes pasado.
Por un lado; envalentonan, dan esperanza; en una de esas, ¿quién te dice?
Por el otro; obligan a “tomar nota” de que las cosas no andan como tendrían que andar.
Lo cierto es que, aún, queda casi un año y medio de Eliminatorias, o de “canchas”, donde habrán de seguirse viendo “los pingos”.
Tan cierto como que falta más de un año para la elecciones de mitad de mandato, y para eso todo parece estar muy “verde que te quiero verde”.
Ni hablar de los tres años y pico que faltan para las elecciones de 2015.
Y para eso, las cosas no están ni “amarillas”.
Por eso, en el “bartoleo” de consignas convocantes al cacerolazo de esta noche (donde sólo faltaba pedir el regreso de Riquelme a Boca, o el de Cavenaghi y “el chori” Domínguez a River), sería bueno detenernos en la que más gravitación política tendría, que es el de la oposición a “la re-reelección” de la actual Presidenta.
Tema que, paradójicamente, despierta más inquietud entre los opositores, más que en el oficialismo.
Porque, fuera de algunos apoyos aislados y hasta marginales(Kunkel, Insfrán, Conti, etcétera), quienes más hablan y más insisten en instalar el tema de “la re-reelección” son “las primeras figuras” de la oposición (Amadeo, Bullrich, Pinedo, Morales, Gill Lavedra, De Narváez, etcétera).
Es decir; dirigentes políticos con una larga trayectoria, que deberían estar “frotándose las manos”, ante la imposibilidad de que la actual Presidenta se pueda presentar a un nuevo mandato.
Algo así como la tranquilidad que sentimos los futboleros argentinos, -y también los de otros países de Sudamérica-, cuando Brasil no tiene que jugar las Eliminatorias para el siguiente Mundial.
No porque el actual gobierno sea a la política lo que Brasil es al fútbol.
Sino porque, de ahora en adelante, los opositores tendrán un competidor “de fuste” menos.
Sin embargo; en lugar de afianzar su ideario y su doctrina, de conformar equipos técnicos, de elaborar una estrategia para llegar al 2015, de proponer un programa de gobierno y candidatos atractivos con los que seducir al electorado; instalan “el fantasma de la re-reelección”.
Como si tuvieran miedo de asumir el poder al que se proponen acceder.
Como el tipo de treinta años que se niega a abandonar la casa materna, amparándose en vaya uno a saber qué excusas juveniles.
De modo que, hasta ahora, “la re-reelección” no parece ser un proyecto de perpetuación del gobierno; sino, más bien; una excusa de la oposición para continuar jugando al juego que más le gusta.
El que, en la política y en la vida misma, se llama “no querer ponerse los pantalones largos”.
Todo parece demostrar que es la oposición quien más desea “la re-reelección”.
Para no tener que decir “Contra los Kirchner, estábamos mejor”.
“No importa que no clasifiquemos al próximo Mundial; con no haberle dejado tocar la pelota a Messi, a Higuain y a De María, ya estamos hechos”; -podrían decir, orgullosos y satisfechos, los futboleros peruanos.
“No importa que no lleguemos al 2015; con unos cuantos cacerolazos y con salir en la tele y en los diarios estamos hechos”; -parecerían decir quienes insisten con “el fantasma de la re-reelección”.
Tan parecido, últimamente, al “fantasma del descenso”.
El problema no es lo que hay de un lado; sino todo lo que parece faltar del otro.
Y esa, -“shakespirianamente”-, es la cuestión.


Buenos Aires, 14 de septiembre de 2012






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